La cultura maya

La civilización maya nos fascina por diversas razones: sus pirámides, su complejo sistema matemático y astronómico, su escritura jeroglí­fica… Sobre todo sabiendo que todo esto lo hizo una civilización que no conoció el hierro.

La arquitectura de los mayas es sin duda lo que más nos maravilla. Hay distintos estilos según el perí­odo al que pertenezcan y su distribución geográfica. En general, todas las ciudades mayas tení­an una gran pirámide, con un templo en su cima y un juego de pelota.

Entre sus obras de ingenierí­a, destacan los sacbés, calzadas empedradas que serví­an para unir las grandes ciudades; los cenotes, unos pozos circulares que se formaban cuando se hundí­a un trozo de terreno y quedaba al descubierto el agua subterránea, y los chultunes, que eran unas piscinas artificiales. Ambos eran métodos para conservar el agua. Algunos cenotes se empleaban para ofrendas y sacrificacios humanos, ya que Chac, el dios de la lluvia, era uno de los más venerados.

Pirámide maya

Respecto a la escultura, los mayas eran expertos grabadores en piedra. Dejaron esculpida su escritura jeroglí­fica, gracias a lo cual se ha podido averiguar mucho sobre su civilización. También tallaron en piedra estelas, bajorrelieves, esculturas de guerreros o dioses, altares… Utilizaron también el estuco, para elaborar estatuillas y elementos ornamentales de los templos y pirámides, y la arcilla, para modelar estatuillas de dioses y utensilios de cerámica. Además, utilizaron el jade y la obsidiana para elaborar joyas y herramientas cortantes, respectivamente.

La civilización maya tení­a numerosos ritos. Uno de los más importantes era el cultivo del maí­z, de hecho, a los mayas se les llama los hombres del maí­z porque creí­an que esta planta era el origen de la humanidad. Algunos campesinos de la Ruta Maya siguen realizando el mismo procedimiento de entonces.

El juego de la pelota era una ceremonia con implicaciones religiosas que representaba el movimiento del sol. Se cree que el juego terminaba cuando se conseguí­a el primer tanto, y los componentes del equipo perdedor, o al menos su capitán, eran sacrificados. Otros creen que eran los ganadores los sacrificados, sin embargo esto no se corresponde con el hecho de que la mayorí­a de los sacrificios humanos se hací­an con esclavos y prisioneros. La sangre humana se consideraba como la ofrenda más preciosa que se podí­a hacer a los dioses, por lo que era frecuente que se practicasen automutilaciones.